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miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Qué és y para qué sirve el Ayuno?



El ayuno a agua o ayuno hídrico consiste en mantener al cuerpo bebiendo agua mientras el organismo se alimenta de sus propias reservas.

En las primeras horas del ayuno el cuerpo consume el azúcar (glucosa) en la sangre y la almacenada en el hígado y los músculos. Posteriormente vive de transformar primero sus grasas y finalmente las proteínas. El organismo no deja de comer sino que hecha mano de los alimentos almacenados en sus propias células.

Solamente después de varias semanas el cuerpo consume todas las reservas y puede reaparecer la sensación de hambre, aunque a veces no aparece.

Contrariamente a la idea que tenemos, el ayuno es más fácil de llevar de lo que imaginamos pues la sensación de hambre física desaparece el 1º ó 2º día de ayuno. Incluso se acompaña de sensación de tener el estómago lleno. Solamente puede haber cierto recuerdo psicológico de la comida.

El ayuno no es nada nuevo en la sociedad humana, desde hace miles de años culturas tanto de oriente como de occidente tenían integrados diferentes períodos de ayuno. Los animales y los niños por su propio instinto dejan de comer cuando están enfermos. El organismo indica que no es momento de introducir comida sino de eliminar las sustancias de desecho y los residuos tóxicos acumulados con el tiempo. Es un tiempo de eliminación y “limpieza” interna. Algo así como cerrado por limpieza e inventario.

El ayuno no es en sí una terapia, es la mejor manera de poner en descanso fisiológico el organismo. El ayuno realmente no cura, es el cuerpo el que se cura mientras ayunamos. Siempre el poder de curación es algo inherente al organismo vivo y ningún medicamento o médico puede llevarse los laureles de la curación. La curación es una cualidad del ser vivo, que mantiene en si mismo una parte de la capacidad curativa de la naturaleza.

La curación es un proceso biológico y el ayuno posibilita que el cuerpo ponga en marcha todos los mecanismos de desintoxicación (limpieza) y regeneración. Cuando una persona ayuna no gasta energía en el proceso de digestión y asimilación de nutrientes y esa energía que ahorra la invierte en los procesos de eliminación y autocuración. Todo ello lo hace guiado por la inteligencia somática, esa misma inteligencia que hace que nuestro corazón lata, de día y noche, que nuestros riñones filtren la sangre de desechos o que el hígado tome las sustancias necesarias para reconstruir el cuerpo y sus funciones y neutraliza las sustancias tóxicas ingeridas, y todo ello sin que mentalmente o conscientemente tengamos que decirle como hacerlo. Esos mismos órganos, al no tener que trabajar en la digestión y asimilación de alimentos, recanalizan su energía hacia los procesos de curación. En resumen el ayuno no cura, es el cuerpo como organismo vivo que es el que pone en marcha todos los procesos de autocuración mientras ayunamos.

Ocurre con cierta frecuencia que al ayunar aparecen síntomas de desintoxicación y curación que con frecuencia confundimos con enfermedad: nauseas, a veces vómitos, dolor de cabeza, sensación de lengua blanca, boca pastosa, orina muy oscura y olorosa. Todos estos síntomas indican que el cuerpo esta en proceso de limpieza. Lo mismo le ocurre a un alcohólico o toxicómano cuando deja de beber o utilizar la droga, su cuerpo entra en un proceso de limpieza al que llamamos síndrome de abstinencia. Cuando la persona deja de tomar alcohol, café, fritos, grasas, embutidos, conservas, sal, y va comiendo menos o deja de comer pueden surgir los síntomas dichos que no son más que procesos de desintoxicación o limpieza que confundimos con síntomas de enfermedad. Estos síntomas muestran la capacidad de respuesta del organismo dirigido a eliminar la sustancias de desecho y tóxicos ingeridos en forma de estos “comestibles”, y le llevamos asi ya que a muchos de ellos no podemos llamarles alimentos. Curiosamente los síntomas que hemos visto, y que pueden aparecer en un ayuno, son los mismos síntomas que surgen en las situaciones opuestas al ayuno, el “empacho”, por exceso de comida y bebida.

Es el descanso, quizás, la fuerza más curativa de la naturaleza y el ayuno es una forma de descanso, el descanso fisiológico. El cuerpo no gasta energía en la digestión, asimilación de alimentos y nutrientes y la energía ahorrada en el ayuno la invierte para autocurarse. Es necesario que el ayuno se haga en unas condiciones adecuadas: en un lugar tranquilo, en un ambiente relajado, donde no te presionen para que comas. En contacto con la naturaleza si es posible ya que de esa manera nos podemos “alimentar” del contacto de la tierra y la naturaleza, con el agua, el aire y el sol, ya que en el sentido más profundo de la palabra los 4 elementos de la Naturaleza nos “alimentan”.

Hablamos de ayuno en esta sociedad, aquí y ahora, porque normalmente comemos en exceso e ingerimos muchas sustancias que se pueden comer y beber pero que no nos nutren ni nos sientan bien. Después de largas temporadas de comer mucho o en exceso viene bien un descanso, un pequeño ayuno. Otras veces ante una crisis: catarro, anginas, bronquitis, vómitos, diarrea... que muchas veces no son más que crisis curativas o reacciones de limpieza y regeneración orgánica e incluso psicológica y emocional, el mismo cuerpo nos dice que dejemos de comer, se nos quita el hambre. Este es un buen momento de ayunar, el cuerpo no necesita introducir sustancias, necesita eliminar las que le están siendo perjudiciales. Lo único que nos pide muchas veces es agua, desaparece el hambre, se mantiene la sed, es momento de beber pero no de comer. Recomendamos un mínimo de uno o dos vasos de agua al día durante el ayuno, dejándonos guiar por la sed.

Hay ocasiones en las que no se recomienda ayunar, por ejemplo, en algunas enfermedades muy graves: cánceres extendidos, verdaderas enfermedades graves del corazón, insuficiencia renal. En estos procesos, y especialmente cuando nos da miedo el ayuno, puede ser aconsejable estar unos días a frutas o ensaladas, o alimentos crudos, y de esta manera el organismo tiene también un gran poder de limpieza y regeneración. Si además queremos o tenemos que seguir cierto ritmo de actividad diaria es preferible mantenernos a crudos (frutas, ensaladas, zumos de fruta, jugos de verduras), ya que el ayuno produce generalmente una interiorización de la energía. Durante el ayuno los órganos internos tienen más energía pero los músculos exteriores se quedan con poca energía durante el ayuno. Hay cierto sentimiento de cansancio y necesidad de descansar y llevar un ritmo más bien lento. El descanso es imprescindible durante el ayuno, especialmente en las personas con poca energía.

Aconsejamos llevar a cabo el ayuno en un periodo tranquilo. Igualmente, si descansamos mucho nuestro cuerpo ahorra energía que la “invierte” (la lleva hacia dentro) hacia el proceso de desintoxicación y autocuración.

Además es igualmente imprescindible no tomar medicamentos o fumar durante el ayuno. A la hora de eliminar medicamentos y para evitar problemas recomendamos consultar antes a un médico experto en ayunos y dietas de desintoxicación.

Para resumir recordamos que el ayuno no cura, es el organismo vivo, nuestro cuerpo, el que se cura cuando estamos ayunando.
 

sábado, 2 de febrero de 2013

Cuando ayunar reduce el sobrepeso y mejora el humor...


¿Qué es el ayuno?

 El tér­mi­no "ayu­no" tie­ne dis­tin­tas acep­cio­nes. Exis­te el "ayu­no re­li­gio­so", que es el que se prac­ti­ca en al­gu­nas re­li­gio­nes en to­do el mun­do; exis­te el ayu­no re­sul­tan­te de al­gún im­pe­di­men­to fí­si­co (le­sión en la man­dí­bu­la, por ejem­plo); y es­tá tam­bién el ayu­no for­za­do por fal­ta de dis­po­ni­bi­li­dad de ali­men­to, co­mo ocu­rre cuan­do una per­so­na se pier­de en la mon­ta­ña y no tie­ne qué co­mer. El "ayu­no te­ra­péu­ti­co", en cam­bio, es una op­ción mé­di­ca que emer­ge co­mo una he­rra­mien­ta efec­ti­va pa­ra el tra­ta­mien­to de cier­tas en­fer­me­da­des, co­mo por ejem­plo la obe­si­dad. Es­te, a di­fe­ren­cia de los an­te­rio­res, se sus­ten­ta so­bre in­di­ca­cio­nes mé­di­cas muy con­cre­tas pa­ra pa­cien­tes que cum­plan con los re­qui­si­tos ne­ce­sa­rios pa­ra su apli­ca­ción. 

Pa­ra ser más con­cre­tos, el ayu­no te­ra­péu­ti­co es uti­li­za­do en per­so­nas con so­bre­pe­so que se han so­me­ti­do ya a va­rios tra­ta­mien­tos de des­cen­so de pe­so y no han lo­gra­do con­tro­lar su en­fer­me­dad. Su apli­ca­ción es­tá in­di­ca­da en aque­llos ca­sos en los que el des­cen­so de pe­so es ur­gen­te, ya sea por ha­ber­se pro­du­ci­do en el pa­cien­te una des­com­pen­sa­ción en su hi­per­ten­sión ar­te­rial, o al ha­ber sur­gi­do un pro­ble­ma se­ve­ro de ar­tro­sis, o al ha­ber­se de­tec­ta­do una cri­sis de ap­nea del sue­ño que pon­ga en ries­go su sa­lud in­me­dia­ta. En otras pa­la­bras, el ayu­no te­ra­péu­ti­co es la op­ción más in­di­ca­da cuan­do el tiem­po apre­mia, y la ba­ja de pe­so es im­pres­cin­di­ble.

Cui­da­dos pa­ra rea­li­zar un ayu­no to­tal 


An­tes que na­da de­be­mos en­ten­der que se con­si­de­ra "ayu­no" a to­da in­ges­ta de ali­men­tos me­nor a las 300 ca­lo­rías dia­rias. Es­to sig­ni­fi­ca que el ayu­no no es ne­ce­sa­ria­men­te la eli­mi­na­ción ab­so­lu­ta de ali­men­tos, si­no el con­su­mo de una can­ti­dad me­nor a las 300 ca­lo­rías, ya sea me­dian­te só­li­dos o lí­qui­dos. 

Los ayu­nos re­quie­ren una su­per­vi­sión es­pe­cia­li­za­da ya que si se in­te­rrum­pe to­tal­men­te la in­ges­ta y no se com­ple­men­ta con vi­ta­mi­nas, el or­ga­nis­mo pier­de pro­teí­nas a dia­rio, de­bien­do ob­te­ner es­te com­po­nen­te de los mús­cu­los. Sien­do el co­ra­zón uno de es­tos mús­cu­los, el mis­mo su­fri­rá una pér­di­da de pro­teí­nas que pue­de con­lle­var al ries­go de arrit­mias car­día­cas mor­ta­les. Por ello es pe­li­gro­so su­pri­mir to­tal­men­te la in­ges­ta de cier­tas sus­tan­cias fun­da­men­ta­les co­mo las pro­teí­nas, por lo que el ayu­no sin in­di­ca­ción y su­per­vi­sión mé­di­ca pue­de de­jar de te­ner to­dos los be­ne­fi­cios bus­ca­dos, tor­nán­do­se en un fac­tor no­ci­vo pa­ra la sa­lud. Es­te ti­po de prác­ti­ca, pa­ra ser se­gu­ra, re­quie­re su­per­vi­sión ya que pue­de ge­ne­rar­se: 

-Pér­di­da de po­ta­sio. Al per­der po­ta­sio, el cuer­po pue­de co­men­zar a pa­de­cer ca­lam­bres o arrit­mias car­día­cas. 
-Ba­ja en la pre­sión ar­te­rial. Es­to se da por­que el pa­cien­te co­mien­za a ori­nar más de lo ha­bi­tual, y es­to lle­va a la ba­ja de la pre­sión ar­te­rial. -Sen­sa­ción de frío. Ade­más de frío, el pa­cien­te sien­te de­bi­li­dad por la fal­ta de in­ges­ta. 
-Cál­cu­los re­na­les. El ayu­no mal rea­li­za­do pro­du­ce áci­do úri­co, y es­to pue­de dar lu­gar a la for­ma­ción de cál­cu­los si no se pro­du­ce una hi­dra­ta­ción ade­cua­da. 

Ca­be acla­rar, sin em­bar­go, que to­dos es­tos efec­tos co­la­te­ra­les se eli­mi­nan si el ayu­no es rea­li­za­do ba­jo su­per­vi­sión mé­di­ca, su­ple­men­ta­da, y en el mar­co de una ins­ti­tu­ción se­ria. De he­cho hay que re­sal­tar que por nor­mas in­ter­na­cio­na­les es­tá to­tal­men­te con­train­di­ca­do tan­to el ayu­no co­mo cual­quier die­ta de me­nos de 800 ca­lo­rías dia­rias en for­ma am­bu­la­to­ria, y que es­tos tra­ta­mien­tos de­ben rea­li­zar­se ne­ce­sa­ria­men­te en ins­ti­tu­cio­nes pre­pa­ra­das pa­ra tal fin. 

La so­lu­ción: el "ayu­no pro­tei­co"


Den­tro de la ca­te­go­ría de "ayu­nos", exis­ten los lla­ma­dos "ayu­nos pro­tei­cos" o "pro­tei­na­dos", que res­pon­den a la mo­da­li­dad que uti­li­za­mos en Sa­na­to­rio Di­que­ci­to. Es­tos ayu­nos son aque­llos en los que a los pa­cien­tes se les res­trin­ge to­do ti­po de ali­men­tos me­nos las pro­teí­nas, las cua­les se su­mi­nis­tran en una do­sis muy pe­que­ña pe­ro su­fi­cien­te pa­ra que la per­so­na no se des­com­pen­se, ni lle­ve a que sus mús­cu­los pier­dan sus pro­teí­nas pro­pias. 

En un ayu­no pro­tei­co bien di­se­ña­do, se pro­vee al pa­cien­te por vía oral una can­ti­dad de pro­teí­na de al­to va­lor bio­ló­gi­co. Es­to se pue­de ha­cer a tra­vés de un pre­pa­ra­do ali­men­ta­rio o far­ma­co­ló­gi­co. La per­so­na in­gie­re un can­ti­dad dia­ria de ca­lo­rías in­fe­rior a las 300 pe­ro, co­mo de­ci­mos, de ma­ne­ra com­ple­men­ta­da, de tal for­ma de ma­xi­mi­zar los re­sul­ta­dos y re­du­cir al má­xi­mo cual­quier ries­go de com­pli­ca­ción. A la par se in­di­ca ac­ti­vi­dad fí­si­ca res­trin­gi­da. 

Es­te ti­po de ayu­no se es­tá rea­li­zan­do en unas po­cas ins­ti­tu­cio­nes im­por­tan­tes a ni­vel mun­dial, ade­más de en Sa­na­to­rio Di­que­ci­to, co­mo por ejem­plo en Es­pa­ña (Mar­be­lla) y en Ale­ma­nia. Su uti­li­za­ción es­tá ga­nan­do fuer­za fren­te a las die­tas con­ven­cio­na­les, cu­yos re­sul­ta­dos son más len­tos y no siem­pre la sa­lud per­mi­te es­ta es­pe­ra. 

Pér­di­da to­tal del ape­ti­to 


La gran ven­ta­ja del ayu­no pro­tei­co es que a las 24 a 48 ho­ras de co­men­zar­se, el ape­ti­to de­sa­pa­re­ce. Es­to se de­be a que el or­ga­nis­mo co­mien­za a pro­du­cir cuer­pos ce­tó­ni­cos co­mo la ace­to­na, sus­tan­cia que in­hi­be la sen­sa­ción de ham­bre y lle­va a la per­so­na a sen­tir­se muy con­for­ta­ble. Otra de las gran­des ven­ta­jas del ayu­no pro­tei­co es que el 75% del pe­so que se pier­de co­rres­pon­de a gra­sa y no a lí­qui­dos o pro­teí­nas, co­mo ocu­rre ge­ne­ral­men­te con las "die­tas má­gi­cas" que pro­du­cen un rá­pi­do des­cen­so de pe­so pe­ro que só­lo eli­mi­nan el 30% de la gra­sa. Es­to es lo ideal. Pa­ra­le­la­men­te, se dis­mi­nu­ye drás­ti­ca­men­te el co­les­te­rol ma­lo, au­men­ta el co­les­te­rol bue­no, y se es­ta­bi­li­zan los ni­ve­les de glu­co­sa. Co­mo re­sul­ta­do, se lo­gra una pér­di­da de pe­so que va en­tre el 1,5 ki­lo a los 2 ki­los se­ma­na­les, pu­dién­do­se al­can­zar los 500 gra­mos por día. En de­fi­ni­ti­va, es un des­cen­so un 30% su­pe­rior al de otras die­tas, en po­co tiem­po y con la gran ven­ta­ja de que prin­ci­pal­men­te se eli­mi­na gra­sa cor­po­ral. 




Otros be­ne­fi­cios 


Los si­guien­tes son al­gu­nos de los be­ne­fi­cios del ayu­no pro­tei­co: 

- Pro­du­ce un mar­ca­do y rá­pi­do des­cen­so de pe­so. 
- Se eli­mi­na una gran can­ti­dad de gra­sa ab­do­mi­nal, que es la más pe­li­gro­sa des­de el pun­to de vis­ta mé­di­co. 
- El coe­fi­cien­te in­te­lec­tual tam­bién me­jo­ra. Hay pa­cien­tes que se sien­ten más des­pe­ja­dos des­de el pun­to de vis­ta in­te­lec­tual y con un me­jor ren­di­mien­to. 
- El pa­cien­te, en ge­ne­ral, co­mien­za a sen­tir­se mu­cho más ágil, por­que el per­der pe­so rá­pi­da­men­te ha­ce que la per­so­na es­té mu­cho más li­via­na. 
- El co­les­te­rol bue­no me­jo­ra y el co­les­te­rol ma­lo ba­ja.
- En per­so­nas con pro­ble­mas de ac­né se pro­du­ce una me­jo­ra en el cu­tis. 
- La per­so­na me­jo­ra su hu­mor. Es­to se de­be a que se co­mien­za a des­can­sar me­jor, a que el pa­cien­te se sien­te más li­via­no ya que tie­ne me­nos pe­sa­dez es­to­ma­cal. 


¿Quié­nes pue­den rea­li­zar el ayu­no? 


El ayu­no pro­tei­co pue­de ser rea­li­za­do só­lo por per­so­nas que cum­plan los si­guien­tes re­qui­si­tos: 

- Te­ner en­tre 18 y 65 años de edad. 
- No su­frir nin­gún ti­po de pro­ble­ma car­día­co, re­nal o he­pá­ti­co. 
- No pa­de­cer dia­be­tes (in­su­li­no de­pen­dien­tes). 
- No te­ner de­sór­de­nes psi­quiá­tri­cos. 
- No es­tar cur­san­do un cán­cer. 
- Ha­ber fra­ca­sa­do en die­tas con­ven­cio­na­les pa­ra ba­jar de pe­so. 

En cuan­to a los pla­zos, un ayu­no te­ra­péu­ti­co efec­ti­vo de­be rea­li­zar­se por un mí­ni­mo de 10 a 14 días; nun­ca me­nos. El tiem­po má­xi­mo es­ta­ble­ci­do pue­de lle­gar has­ta las 12 se­ma­nas, pe­ro só­lo en ca­sos de per­so­nas con un gra­do al­to de obe­si­dad, no en pa­cien­tes con me­nor ta­sa de so­bre­pe­so. 

Nuestro "ayu­no pro­tei­co" 


En Sa­na­to­rio Di­que­ci­to ofre­ce­mos es­te nue­vo pro­gra­ma a aque­llos pa­cien­tes que cum­plan con to­dos los re­qui­si­tos pre­via­men­te de­ta­lla­dos. La per­so­na se ins­ta­la en nues­tra ins­ti­tu­ción por un mí­ni­mo de 10 a 14 días, y du­ran­te ese tiem­po rea­li­za un ayu­no to­tal­men­te su­ple­men­ta­do y, so­bre ­to­do, su­per­vi­sa­do por un equi­po mul­ti­dis­ci­pli­na­rio de es­pe­cia­lis­tas mé­di­cos de las áreas de Nu­tri­ción, Dia­be­to­lo­gía, Psi­quia­tría, Psi­co­lo­gía, Edu­ca­ción Fí­si­ca y Fi­sio­te­ra­pia. 

En el mar­gen del des­cen­so de pe­so con­tro­la­do y su­ple­men­ta­do que se va lo­gran­do, la per­so­na rea­li­za en­tre­vis­tas es­pe­cia­li­za­das y aná­li­sis clí­ni­cos pa­ra de­tec­tar las cau­sas de su so­bre­pe­so, y re­ci­be una se­rie de pau­tas que le per­mi­tan lo­grar una re­edu­ca­ción que le po­si­bi­li­te cam­biar há­bi­tos de vi­da y lo­grar re­sul­ta­dos sos­te­ni­bles en el tiem­po. El pa­cien­te de­be en­ten­der que la obe­si­dad es una en­fer­me­dad cró­ni­ca, no trans­mi­si­ble; es de­cir que es una afec­ción que no tie­ne cu­ra. Por ello a par­tir del ayu­no, és­te de­be com­pro­me­ter­se con el cui­da­do pos­te­rior en sus co­mi­das, y con la rea­li­za­ción de ac­ti­vi­dad fí­si­ca de por vi­da. Tam­bién de­be en­ten­der que así co­mo el ayu­no ac­túa co­mo un de­pu­ra­dor, la co­mi­da in­dus­tria­li­za­da, prin­ci­pal­men­te la que co­no­ce­mos co­mo "co­mi­da cha­ta­rra", tie­ne com­pues­tos quí­mi­cos que ge­ne­ran adic­ción. Por ello se­rá im­por­tan­te que el pa­cien­te, lue­go de su ayu­no, se ale­je de ese ti­po de co­mi­da de ma­ne­ra tal de mi­ni­mi­zar los ries­gos de re­caí­da.